Durante los años que los estudiantes dedican a licenciarse en Bellas Artes, su sensibilidad hacia el arte en general y el arte actual en particular, evoluciona hacia una comprensión y valoración mayores (aunque muy leves), llegando a una mayor apreciación, pero no porque se les dedique una especial atención en estos estudios, sino porque evoluciona su visión del arte, hacía algo más amplio. Este cambio de visión no está tanto influida por las enseñanzas impartidas por los profesores, como por el trabajo realizado por el alumno, la relación con sus compañeros o la visita a exposiciones.
Ante todo esto cabría preguntase que tipo de enseñanzas o que asignaturas se deberían de impartir en la facultad para que la apreciación de los alumnos hacia el arte fuera mayor y que tuvieran un criterio propio. Habría que buscar la forma de que eso no se diera mayoritariamente por el contacto con sus compañeros y sus propias experiencias y que la labor docente de los profesores tuviera mayor importancia, no que fuera la única fuente que les marcara más o la que definiera más sus ideas, pero si que estuviera más presente.
A lo largo de la carrera hay dos tendencias que pueden resultar contradictorias. Los alumnos de último curso se fijan en características menos evidentes y que demuestran que han llegado a una comprensión más profunda del arte, como en el mensaje o las sensaciones que les transmite una obra y no recurren a nombran disciplinas, dejando el arte como algo más amplio; podríamos decir que han pasado de mirarlo a apreciarlo. Sin embargo aumenta su escepticismo a la hora de poder dar una definición valida y universal del arte al pensar que en la mayoría de las ocasiones no es la calidad u otras características de la obra; o el artista en si lo que convierten una obra en artística, sino el mercado del arte, los museos. Se puede por lo tanto decir que se pasa de una apreciación en el sentido de estimar una obra por ser importante, que esté en museos y en todos los libros de textos; a tener una apreciación afectiva ( relacionada con experiencias propias, con sentimientos y sensaciones provocados por esa obra de arte) y a ser conscientes de que esta apreciación puede ser también material.
Para elegir sus obras de arte o las disciplinas para trabajar, los alumnos de primer curso están más influidos por los libros, los profesores. A media que se avanza en la carrera, los alumnos van formándose un criterio propio, al ir trabajando, observando a sus compañeros, visitando exposiciones o consultando catálogos (más que por sus profesores).Esta experiencia es la que les lleva, por ejemplo, a nombrar como sus artistas preferidos no tanto a grandes figuras (que los alumnos de primer curso nombran porque son los que han conocido en las clases a través de los profesores), si no a gente que ha conocido viendo una exposición o a decir que recuerdan obras, y son capaces de describirlas con gran detalle y emoción, pero no el nombre del autor.
Cuando se ponen a definir el arte se nota que los alumnos de último curso han tenido más experiencias relacionadas con él, han visitado más exposiciones y han vivido, han interactuado con más obras. Esto se ve claramente cuando al preguntarles si las obras presentadas ( obras de artistas actuales) dicen que para poder valorar por si mismos si eso es arte o no deberían de verlo y experimentar lo que les trasmite al estar delante de ellas, no delante de una foto.

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