El periodismo comienza a ser una competición por informar sobre sucesos trágicos, sobre muertes, accidentes, desastres naturales. Parece que ya sólo las malas noticias son noticias. Los informativos de todo el día están llenos de números de parados, cifras de heridos en accidentes de tráfico y comentarios ofensivos entre políticos, ya que si se llaman o se escriben para preguntar qué tal la familia, no nos enteramos.
El desastre acontecido en Japón tras el terremoto y el tsunami y cómo ha afectado a las centrales nucleares, son temas que han ocupado las editoriales y las noticias de todos los medios escritos, radiofónicos o audiovisuales mundiales.
“Por pura deformación profesional, el periodismo se ha convertido en una competición tremendista en la que los medios se van contagiando uno al otro el síndrome del alarmismo”, concluye el director adjunto de El País, Xavier Vidal – Folch, en la web Periodista Digital. El enfoque de Vidal Folch, aplicado al tema de la entrevista que Carlos Alsina realizó a un empleado de Fukushima sobre la que David Trueba desarrolla su artículo, hace más trágico aún dicho suceso. La mentalidad oriental y la occidental varían las perspectivas desde las que abordan la noticia, pero no sólo los de los periodistas que las cubren. Lo sucedido en el país nipón nos ha acercado una forma de vivir muy sacrificada, muy sufrida, que desde occidente no compartimos. El regodeo sobre los desastres, y más si no hay culpables a los que reprochar nada, es el tema favorito de los medios occidentales, cuando allí solo piensan en trabajar para recuperarse y no se lamentan de lo ocurrido pidiendo la colaboración internacional.
El desastre acontecido en Japón tras el terremoto y el tsunami y cómo ha afectado a las centrales nucleares, son temas que han ocupado las editoriales y las noticias de todos los medios escritos, radiofónicos o audiovisuales mundiales.
“Por pura deformación profesional, el periodismo se ha convertido en una competición tremendista en la que los medios se van contagiando uno al otro el síndrome del alarmismo”, concluye el director adjunto de El País, Xavier Vidal – Folch, en la web Periodista Digital. El enfoque de Vidal Folch, aplicado al tema de la entrevista que Carlos Alsina realizó a un empleado de Fukushima sobre la que David Trueba desarrolla su artículo, hace más trágico aún dicho suceso. La mentalidad oriental y la occidental varían las perspectivas desde las que abordan la noticia, pero no sólo los de los periodistas que las cubren. Lo sucedido en el país nipón nos ha acercado una forma de vivir muy sacrificada, muy sufrida, que desde occidente no compartimos. El regodeo sobre los desastres, y más si no hay culpables a los que reprochar nada, es el tema favorito de los medios occidentales, cuando allí solo piensan en trabajar para recuperarse y no se lamentan de lo ocurrido pidiendo la colaboración internacional.

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